
Colombia ha sido testigo de un evento que ha quedado grabado en la historia espiritual de la región. Bajo una atmósfera de profunda devoción, la Gran Marcha Nacional para Jesús logró congregar a más de 2 millones de colombianos en un despliegue de fe que cubrió más de 176 ciudades y pueblos de todo el territorio nacional.
Esta movilización multitudinaria, inspirada en la visión de unidad que ha caracterizado a la Marcha para Jesús en Venezuela, demostró que cuando el pueblo de Dios se une, el mensaje de esperanza resuena con más fuerza. Desde las grandes avenidas de Bogotá hasta las localidades más remotas, el rugido de millones de voces proclamó una sola verdad: Colombia le pertenece a Cristo.
La jornada se caracterizó por ser una manifestación genuina, alegre y pacífica, donde familias enteras, jóvenes y niños salieron a las calles con banderas y cánticos, no por una causa política ni denominacional, sino con el firme propósito de exaltar el nombre que es sobre todo nombre.

